viernes, 25 de abril de 2008

Un asesinato casi imperfecto.

Desperté un día y dije: dejaré de fumar. Tomé algunas tazas de café, sacudí mis ojos enterrados en el centro de mi cara redonda. Recordé que a veces me decían que tenía ojos bonitos, es curioso como los cumplidos se valen de artimañas para poder salvarle el ego a cualquier cristiano, son como armas mortales, los cumplidos digo, pueden salir de repente y sorprender aunque en el fondo son premeditados y fríos, como todo, como todo – pensé – el espejo era eso sólo un espejo, yo era sólo yo. La retórica en mi dura solamente la distancia de mi cama al baño. Lo primero que dije en el transcurso del día fue: Desperté esta mañana y me dije dejaré de fumar, de inmediato una respuesta, - muy bien, muy bien- unas cuantas palmadas y algo como una sonrisa se derramo por mi cara redonda estrellándose con mis ojos enterrados en el centro.

El hábito de comerme las uñas lo había perdido hace poco y fue de la misma manera: al despertar. Empiezo a entender un orden lógico: esas determinaciones absolutas de mi vida se toman al despertar, cuando aún no he perdido la retórica, es decir antes de llegar al lavamanos. En esa eternidad dónde repito mis movimientos de memoria y aún me queda el gozo caliente de mi almohada. Realmente debo decir que no sentí ganas de fumar en todo el día, pero en la noche todo cambió, salí de la oficina a encontrarme con el mismo gris pendejo del cielo, la misma gente tapada de pies a cabeza, en el bolsillo tenía un dulce que alguien me regaló, eso si diciendo que era por si me daban ganas de fumar. Lo mordí y mis muelas bailaron con chispazos curiosos de dolor. No quería caminar pero tocaba, con el tiempo de mi caminata lenta esquivando ancianas enanas malencaradas, mujeres hermosas que se sonríen cuando uno les mira ahí y demás personas que sólo son eso: personas, empecé a sentir el humo bajando hasta mis pulmones, el concierto sinfónico de mi asma incurable, sólo uno – pensé- lo compré y lo guarde en el bolsillo, donde descansaba el empaque del dulce que me ayudaría a dejarlo, - vaya paradoja - dije. Me detuve de inmediato, no era la hora de la retorica, debo fumar esto no está bien.

Nunca me fumé aquel cigarrillo, digo nunca en ese trayecto, al llegar a casa me senté y recordé lo de mis ojos lindos ahora enterrados en el centro de mi cara, lo de mi sonrisa derramada como un manchón, mire alrededor, los muebles ahí quietos, el piso ahí sucio, el silencio ahí callado, la paradoja en mi bolsillo como pretensión tonta de un poema huevón. Mire al techo y no vi. nada, trate de pensar y no pensé nada.

Caminé lento hacía el baño desocupe mis bolsillos y tire el cigarrillo en el inodoro, juró que lo escuché gritar mientras sus tripas cafés se diluían en el agua, sentí pesar, le gire: Tienes unos ojos bonitos, pero al papel agonizante esto parecía no importarle. Estoy frente al espejo sacudiendo mis ojos enterrados en el centro de mi cara redonda. Recordé que a veces me decían que tenía ojos bonitos.

Desperté al otro día y no dije nada

jueves, 24 de abril de 2008

El extraño arte de la ingesta de mierda. O nada tiene que ver con Pasolini

Paredes blancas, sillas repetidas, mesas negras, gente de mierda y yo. Yo y solo yo, para evitarnos ambigüedades, El lugar no podría ser más de lo que ya es. Las migajas duran eternidades bailando con la estática de un tapete color…, arma mortal para alérgicos y asmáticos. A la mierda todo esto parece no importarle, se queda allí sentada esperando su mosca eterna, la mosca con la cual estará hasta que la muerte los separe (la muerte o un arranque divino de asepsia).

Ella y yo nos conocemos desde pequeños, es decir desde que yo era pequeño, la mierda lleva siglos en su tarea de fatigar la existencia de cuanta persona hay en el lugar, ¿yo?, bueno yo era nuevo en esto el mundo y aún todo me sabía a placenta y felicidad. Una mañana me sorprendió tirándome contra el suelo empapando mis encías, irritadas por el cambio de dientes, con su sabor amargo y certero, ese día por primera vez lloré y por más que sorbía las lágrimas el sabor nunca me abandonó. Ahora en este lugar, construido con sus propias manos, calculado con su infinita grandeza la mierda me mira desde lejos como si sospechara de un complot o algo así, su gente, sus creyentes están por doquier, caminan con sonrisas cafés, dan órdenes y lanzan amenazas. Cada fin de mes se celebra la fiesta de la gratificación las cuentas bancarias se engordan a medias como si tuvieran parásitos en el fondo de sus barrigas, todos sonríen, se abrazan, bailan en la mierda. ¿Yo?, bueno como una especie de mago desinflo mis cuentas y las reparto para otras cuentas de otra gente de mierda y el círculo de la vida está completo. A veces me le acerco en puntillas, le huelo el pelo y noto algo de humanidad en ella, en ella y en su gente, me siento bien.

De nuevo aquí, estoy despierto, empieza el vals. La mierda se acomoda, las mujeres corren por el lugar, los hombres discuten de mejores futuros, mejores vidas, eso sí, futuros y vidas con la mierda, está prohibido idear un sueño o cualquier cosa sin ella. Dicen que los castigos a los desertores son terribles. Yo me quedo callado, digo sí, digo no, y a veces grito: ¡mierda!, ella me mira con ternura. Al principio solía visitarme en mi alcoba, se sentaba en el borde de la cama, discutíamos sobre filosofía y otras pendejadas del ser; enseñé yo a dibujar a la mierda, pero pronto lo abandonó, decía que no era lo suyo. Creo que en eso nos parecemos no sé que es lo mío. No quiero lastimarla, pero lo mió no es definitivamente la ingesta de mierda.

Un día me iré corriendo a dónde sus manos no lleguen, le escribiré una carta, quinientas páginas de discusiones filosóficas, seguro de esta forma no me extraña. ¿Yo?, creo que la extrañaré, me robaré a una de sus personas, le lavaré las carnes, le prometeré sueños, le diré que la amo y seré feliz. ¡Mierda!

miércoles, 9 de abril de 2008

No sé si soy feliz.
No hacen falta certezas o carencías para tan menuda pregunta que se ha hecho tanta gente por tanto tiempo.
Si lo han hecho tantos y no han llegado a nada, Para qué hacermela yo?.
No sé si soy estúpido. Pensar en saber si se es feliz es estúpido. No he llegado a pensarlo lo suficiente. No, no lo soy.(estúpido, lo de la felicidad ha quedado claro, ¿cierto?)
Tampoco soy infeliz. ¿ Si no sé si soy feliz, cómo carajos sabré si soy lo opuesto?.
Errores del lenguaje, digo errores del lenguaje una discusión sobre a felicidad o la infelicidad.
Capoteo las cosas evitando un infarto masivo y demás suertes, no oportunas al destino, maten mi biología y me dejen ahi tieso.



Gramatica emocional y empieza a joderse la cosa. Un poco de sexo cada cierto tiempo ( cuatro meses)
Deudas hasta el cuello y satisfacciones instantáneas ( beber, fumar, coquetear etc.) Y listo problema resuelto.

uno puede esquivar tan grande pregunta con preguntillas tontas y haciendo trampa. Y ya está.