Paredes blancas, sillas repetidas, mesas negras, gente de mierda y yo. Yo y solo yo, para evitarnos ambigüedades, El lugar no podría ser más de lo que ya es. Las migajas duran eternidades bailando con la estática de un tapete color…, arma mortal para alérgicos y asmáticos. A la mierda todo esto parece no importarle, se queda allí sentada esperando su mosca eterna, la mosca con la cual estará hasta que la muerte los separe (la muerte o un arranque divino de asepsia).
Ella y yo nos conocemos desde pequeños, es decir desde que yo era pequeño, la mierda lleva siglos en su tarea de fatigar la existencia de cuanta persona hay en el lugar, ¿yo?, bueno yo era nuevo en esto el mundo y aún todo me sabía a placenta y felicidad. Una mañana me sorprendió tirándome contra el suelo empapando mis encías, irritadas por el cambio de dientes, con su sabor amargo y certero, ese día por primera vez lloré y por más que sorbía las lágrimas el sabor nunca me abandonó. Ahora en este lugar, construido con sus propias manos, calculado con su infinita grandeza la mierda me mira desde lejos como si sospechara de un complot o algo así, su gente, sus creyentes están por doquier, caminan con sonrisas cafés, dan órdenes y lanzan amenazas. Cada fin de mes se celebra la fiesta de la gratificación las cuentas bancarias se engordan a medias como si tuvieran parásitos en el fondo de sus barrigas, todos sonríen, se abrazan, bailan en la mierda. ¿Yo?, bueno como una especie de mago desinflo mis cuentas y las reparto para otras cuentas de otra gente de mierda y el círculo de la vida está completo. A veces me le acerco en puntillas, le huelo el pelo y noto algo de humanidad en ella, en ella y en su gente, me siento bien.
De nuevo aquí, estoy despierto, empieza el vals. La mierda se acomoda, las mujeres corren por el lugar, los hombres discuten de mejores futuros, mejores vidas, eso sí, futuros y vidas con la mierda, está prohibido idear un sueño o cualquier cosa sin ella. Dicen que los castigos a los desertores son terribles. Yo me quedo callado, digo sí, digo no, y a veces grito: ¡mierda!, ella me mira con ternura. Al principio solía visitarme en mi alcoba, se sentaba en el borde de la cama, discutíamos sobre filosofía y otras pendejadas del ser; enseñé yo a dibujar a la mierda, pero pronto lo abandonó, decía que no era lo suyo. Creo que en eso nos parecemos no sé que es lo mío. No quiero lastimarla, pero lo mió no es definitivamente la ingesta de mierda.
Un día me iré corriendo a dónde sus manos no lleguen, le escribiré una carta, quinientas páginas de discusiones filosóficas, seguro de esta forma no me extraña. ¿Yo?, creo que la extrañaré, me robaré a una de sus personas, le lavaré las carnes, le prometeré sueños, le diré que la amo y seré feliz. ¡Mierda!
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2 comentarios:
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L
I
M
E
Otra vez, wow!
y como decía un amigo, a veces uno como mierda por gusto ;)
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