A oscar.
Como víctimas de una travesura infantil se nos acaban las cosas cuando estaban a punto de arrancarnos la mayor sonrisa, atónitos gritamos como locos cuando todo ha quedado en silencio y sentimos verguenza, Tranquila verguenza.
Tocamos el pelo de los presentes sin que lo noten y nos vamos de puntitas a otro lugar, si tan solo nos dieran cinco minutos más para memorizarlo todo como una tarea de cálculo, escribirnos en la muñeca las instrucciones de todo esto.
Se pasea en nuestras manos el sabor dulzón, la última caricia, la última palabra, la última sonrisa. Serían más justas las cosas si también recordarmos lo primero, pero lo último cuando el telón ha caido, cuando de repente nos piden que abandonemos el lugar y las señoras de limpieza hacen lo suyo, cuando contamos la basurita ajena y nos reímos de lo que no vemos.
Y de todo esto se trata, el sabor de las cosas cuando no las vemos se parece al de cuando acaban las cosas y se parece a todos los sabores.
Algún día se apagará la luz de mis palabras y juro que tocaré su pelo con tanta fuerza que nunca olvidarán, porque simplemente yo no olvido.
El sabor de cuando acaban las cosas queda bailateando en nosotros, solo en nosotros.
martes, 10 de julio de 2007
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1 comentario:
te quiero hermano......
tambien se quiso a osquin...se le querra en el recuerdo.... a la familia no se olvida.........
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